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martes, 12 de junio de 2012

Un viaje al jazz gitano de los años 30

Conformado por músicos y actores, el trabajo realizado por Raskoski Hot Club, desde el cuidado estético y el nivel musical, da cuenta de un espectáculo multidisciplinario que nadie puede perderse.

Fotografía tomada en el viejo Almacén Santa Rita de Adrogué, donde también grabaron su video.
Raskoski Hot Club no es un simple grupo de jazz, es una agrupación estable que forma parte de la Compañía Banfield Teatro Ensamble -BTE- dedicada a la interpretación de swing y jazz de los años 30, principalmente del jazz gitano, con Django Reinhardt como el músico más influyente.
El grupo está integrado por Silvina Aspiazu, que se destaca por su habilidad en la guitarra; Pablo Cordonet, la voz y el responsable de interactuar con el público y de guiar a sus compañeros; Leandro Zappino en contrabajo, Juan Mazzetti en trompeta, Juan Manuel Rodríguez en guitarra y José Pablo Suárez, al que Silvina describe como “multiinstrumentista”, porque además de la guitarra incorporó el acordeón y el cavaquinho -un instrumento portugués de cuatro cuerdas-.

La importancia de la estética multidisciplinaria
Ver a Raskoski Hot Club en vivo es un viaje en el tiempo. A ese tiempo de camisas, moños, tiradores y sombreros, de vestidos de encaje y accesorios de plumas negras. Es que si hay algo que destaca a Raskoski es el carácter multidisciplinario ligado a la Compañía teatral que integran. La atmósfera y la estética de los años 30, es recreada no sólo a partir del vestuario sino por la construcción escenográfica, tal y como describe Pablo Cordonet: “Una mesita con una radio vieja, una botella de whisky, un teléfono viejo, un reloj; me parece que Raskoski tiene esto de transportarnos desde la estética y a nosotros nos da ese plus de decir ‘bueno, además de todo, nos vemos como de esa época’”. “Nos gusta pensar todo. Si bien la música ya tiene una impronta muy alegre, nosotros siempre buscamos algo más, que nos complete a nivel artístico. Para mí, el caso del vestuario, de la ambientación, de la estética en general, tiene que ver con ese plus que tratamos de darle a todos nuestros espectáculos. No hay posibilidad de disonancia, el espectador recibe todo en bloque”, explica Cordonet.

Raskoski Hot Club durante su presentación en el ciclo Jazzología.
Raskoski Hot Club se presenta en vivo en diversos espacios dedicados al jazz en la Ciudad de Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires, pero su casa, donde se conocieron y formaron, es la Compañía Banfield Teatro Ensamble, ubicada en Larrea 350, Banfield, y donde se presentarán el 23 de junio. Para informarse sobre futuras fechas, pueden ingresar a https://facebook.com/Raskoski 
El nacimiento de Raskoski Hot Club
Pablo y Silvina comenzaron a tocar juntos jazz gitano en 2001. Ambos integraban la Compañía BTE, pero Pablo estaba dedicado al teatro y Silvina a la música. “En el 99 salió la película Dulce y Melancólico de Woody Allen y a los dos nos encantó la banda sonora”, cuenta Silvina refiriéndose a la música de Django Reinhardt que se escucha en la película. Además de la influencia de la película de Allen, Pablo cuenta que esta música ya estaba en su vida desde que nació: “Por mi abuelo y mi papá que siempre tenía discos de jazz. En mi casa siempre se escuchó desde Oscar Alemán, pasando por La Porteña Jazz Band, Davis y The Dave Brubeck Quartet.”
No se llamaron Raskoski hasta el 2008, ya que primero formaron un trío con Luciano Manolio, llamado Palmintieris, con el que tocaron en el Festival de Jazz de La Plata antes de disolverse en 2006. Después comenzaron a tener algunos músicos invitados hasta que llegaron a la formación actual, con la que grabaron su primer disco en diciembre de 2010.

Raskoski audiovisual
Como no podía faltarle a este grupo artístico, también trabajaron mucho en la estética de las fotos del grupo y en la realización del video que utilizan para difundir su trabajo. “Las fotos y el video los hicimos en el Almacén Santa Rita en Adrogué -cuenta Pablo-, un lugar de un amigo nuestro que se llama Billy Suárez, que es un almacén viejo de comienzos de siglo XX”. “Era una pulpería, donde se filmó ‘De eso no se habla’”, agrega Silvina. El viejo almacén lo compró Suárez y lo transformó en un restorán que, según Pablo y Silvina tenía una ambientación ideal para Raskoski. “Siempre nos decía ‘vengan cuando quieran, hagan lo que quieran’, así que fuimos e hicimos lo que quisimos”, concluye Pablo entre risas y mientras nos invita a ver el resultado audiovisual, producto de haber hecho lo que quisieron.

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