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lunes, 9 de mayo de 2011

La muerte de un "líder" político

La multiacentualidad del signo “líder” en relación a Néstor Kirchner luego de su muerte

El miércoles 27 de octubre de 2010 se iba a realizar el Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda en todo el territorio argentino. Ese mismo día, a las 9:15 de la mañana, falleció el ex presidente Néstor Kirchner, a la edad de 60 años, esposo de la actual presidente de la Nación, Cristina Fernández. El motivo de la muerte fue un paro cardiorrespiratorio no traumático, que no respondió a las maniobras de resucitación básica y avanzada.
El hecho no tardó en convertirse en noticia de todos los medios locales, nacionales y hasta de medios extranjeros de trascendencia internacional. La importancia de la noticia residió en que Néstor Kirchner no sólo era el ex presidente (2003-2007) y esposo de la presidente (quien asumió en 2007), sino que, además, era el más fuerte candidato a presidente para las elecciones que se llevarán a cabo en octubre de 2011.
La muerte de Kirchner fue relevante para varios sectores sociales, no sólo de Buenos Aires -donde se lo veló y donde se concentró la mayor cantidad de personas para despedirlo y homenajearlo-, sino en otros puntos centrales del país. En una amplia mayoría de los discursos provenientes de funcionarios políticos, periodistas, militantes y personas que se acercaron espontáneamente a la Plaza de Mayo a despedir los restos del ex presidente, hubo un significante social que tuvo fuerte incidencia en la sociedad: “Néstor Kirchner era un líder político” para los integrantes o seguidores del “kirchnerismo”.
Sin embargo, la relevancia de su muerte y su rol como “líder” tuvo dos connotaciones contrapuestas: por un lado, se encuentran quienes se lamentaron, lloraron y expresaron su muerte como la pérdida de un LÍDER político que dejó un legado que todos sus herederos deben continuar; y por otro lado, están aquellos sectores que celebraron al recibir la noticia -o al transmitirla-, y que interpretaron el hecho como la muerte de un LÍDER político que dejó huérfanos a quienes lo seguían y que, a partir de su desaparición física, el proyecto político que él había liderado, finalizó con su muerte, ya que sólo él podía llevarlo adelante.


Remitiéndonos a Valentín N. Voloshinov, lo que se observa es que se desarrolló una batalla ideológica en torno a la significación del signo LÍDER entendido como “arena de lucha de clases”. La batalla alrededor de la significación del signo es ideológica, precisamente por la afirmación de Voloshinov de que “donde hay un signo, hay ideología”. La palabra misma “líder” concentraba distintas connotaciones sociales en función de las determinaciones materiales que se desarrollaban en dicho período histórico.
El período analizado corresponde al día de la muerte de Néstor Kirchner y a los cinco días posteriores (entre el 27 y el 31 de octubre de 2010), en los que pueden observarse discursos a modo de reacciones impulsivas y basadas en la pasión (tanto quienes lamentaron la muerte como quienes la celebraron). Tanto el mismo día, como los siguientes, cada artículo de opinión, editorial o artículo supuestamente de análisis reflexivo y objetivo, ubicaban al ex presidente como un líder político. La diferencia estaba en que, para algunos era un líder que dejaba un legado y, para otros, el proyecto había muerto junto con su fundador.
Para desarrollar esta investigación, se tomaron distintas declaraciones de los diarios de circulación masiva de Argentina: Clarín, Página/12, La Nación, Perfil y Tiempo Argentino; algunas editoriales o columnas de opinión difundidas en TN.com.ar, el medio de mayor oposición al “kirchnerismo”; y la edición especial del programa “678” de la TV Pública, emitido la misma noche del 27 de octubre de 2010, en el que se expresaron varios artistas, políticos, dirigentes de organizaciones sociales, sindicalistas, intelectuales y periodistas que se autodenominan como defensores del “kirchnerismo”.

El signo “líder” como arena de la lucha de clases
En el capítulo en el que Voloshinov analiza las relaciones entre las bases y las superestructuras, el autor afirma que “las distintas clases sociales usan una misma lengua. Como consecuencia, en cada signo ideológico se cruzan los acentos de orientaciones diversas. El signo llega a ser la arena de la lucha de clases”. Este cruce de acentos diversos es lo que se denomina la multiacentualidad del signo ideológico, que puede observarse en el caso del signo “líder” analizado en este trabajo. El proceso social de la muerte de Néstor Kirchner se analizará a través de la materialidad de los discursos en los que se expresaron las distintas significaciones sociales que lo conformaron; ya que, como plantea Voloshinov, “la palabra es el fenómeno ideológico por excelencia”, es a través del material sígnico ideológico y social que “la conciencia se construye y se realiza”.
Las voces tomadas en este trabajo corresponden a los siguientes actores, que representan significantes que compartían distintos sectores sociales, entre ellos: “los ciudadanos kirchneristas” (intelectuales, artistas, periodistas, sindicalistas, políticos, militantes, dirigentes de organizaciones sociales y algunos representantes de la clase media y de los sectores populares que están a favor de las políticas llevadas adelante por Néstor Kirchner y Cristina Fernández durante sus presidencias -y, en el caso del fallecido ex presidente, también luego de su mandato presidencial-); “los ciudadanos antikirchneristas” (periodistas, empresarios, políticos, y representantes de la clase media y alta que están en contra de las mismas políticas, en contra de la forma de gobernar del matrimonio Kirchner-Fernández, o a favor de políticas de libre mercado y de no intervención del Estado en la economía).
Cabe aclarar que en la lucha de clases que se da en la arena del signo “líder”, podría ubicarse, dentro de las relaciones de producción, a “los ciudadanos kirchneristas” en el lugar de los sectores populares o de quienes se identifican y apoyan las políticas socioeconómicas que defienden lo “nacional y popular”, la estatización del sector público y la redistribución de la riqueza que promueve la “igualdad social”  (sean trabajadores industriales, intelectuales o dueños de medios). Por otro lado, “los ciudadanos antikirchneristas” estarían representando a los sectores de una clase alta o media-alta, o que se identifican y apoyan las políticas socioeconómicas de liberalización del mercado, privatización del sector público y la acumulación de la riqueza -que tiene como consecuencia la desigualdad social-.
Con respecto a estas relaciones y sus consecuencias en la palabra, Valentín Voloshinov plantea: “Las relaciones de producción y la formación político-social condicionada directamente por aquellas determinan todos los posibles contactos de los hombres, todas las formas y modos de su comunicación verbal”.

La muerte de un “líder”: entre la continuidad y el fin de un proyecto político
En este apartado se analizarán las distintas significaciones con respecto a las consecuencias de la muerte de Néstor Kirchner y las formas en que se reconocen, enuncian y actúan los actores, especialmente entre aquellos que, al caracterizarlo como “líder”, anuncian el fin de un proyecto político -que murió con su fundador-; y quienes plantean que ese “líder”, ahora muerto, ha dejado un legado que ellos -sus seguidores o “compañeros”- deben continuar.
Los primeros artículos periodísticos que reflejaron lo que muchas otras personas pensaban mientras recibían a los censistas en sus casas celebrando con champagne, declaraban:
“Murió el arquitecto único, excluyente, del aparato de poder en el que se sostuvo hasta ahora el Gobierno.” (Nota en La Nación)
Por otro lado, la siguiente frase es la que sintetiza la idea de que la muerte de Néstor Kirchner, el “líder” político, implica necesaria y consecuentemente el fin del “kirchnerismo”:
“Un líder carismático no tiene heredero.” (Nota en TN.com.ar)
Esta idea es la compartida por los distintos actores denominados en este trabajo como “los ciudadanos antikirchneristas”, que ven sus voces representadas también en el siguiente planteo:
“(…) la muerte de Kirchner (…) termina con el proyecto de permanencia del kirchnerismo en el país.” (Nota en TN.com.ar)
Esta idea del fin del kirchnerismo, es acompañada por el otro planteo que hace hincapié en que, en el caso de que intenten continuar con ese proyecto, los políticos que quedan como los responsables de llevarlo adelante, no son capaces de hacerlo, ya que Kirchner era un líder omnipotente, equivalente a un padre todopoderoso que era el único habilitado para guiar y continuar con “su” proyecto de país:
“Hay (…) un factor poderoso que influirá en esta trama: el sentimiento de orfandad que está envolviendo desde ahora a un conjunto de políticos que, en su verticalismo extremo, han confiado su suerte a un padre todopoderoso que los relevaba de preguntarse por el destino final de sus acciones.” (Nota en La Nación)
Esta afirmación se refleja también en la siguiente declaración:
“Hasta el último momento él se encargó de hacer evidente que era quien ejercía realmente el poder y no su esposa, la presidenta Cristina Kirchner." (Nota en La Nación)
Por otro lado, se encuentran los discursos representativos de las voces de aquellos sectores denominados “los ciudadanos kirchneristas”, que consideran que la muerte de ese “líder” no termina con el proyecto político, sino que deja un legado:
“Murió un líder político que nos deja un legado, y es una bandera que queremos llevar a la victoria. Ahora hay que redoblar la apuesta, a todo o nada.” (Julia Mengolini en el Programa especial en 678)
Esta idea del legado fue tomada muy fuertemente por militantes kirchneristas y funcionarios del actual gobierno, principalmente, pero también fue una consigna que se repitió fuertemente en la Plaza de Mayo durante los tres días de duelo nacional en los que personas pertenecientes a diversos sectores socioeconómicos que apoyan al gobierno de Cristina Fernández y a las políticas llevadas a cabo por Néstor Kirchner, se acercaron para despedir a Kirchner y para demostrar su apoyo a la presidenta. Esta consigna estaba expresada en banderas y grafitis que pudieron verse a partir de ese día, tales como: “Gracias Néstor, Fuerza Cristina” o “Fuerza Cristina, ahora más que nunca”. Las siguientes frases continúan y refuerzan el planteo recién citado:
“El proyecto que se desenvuelve desde 2003, es tan nítido y coherente, e involucra a tantos millones de personas, que no concluirá con la muerte de quien lo puso en movimiento” (Nota en Página/12). “No me cabe duda que la Presidenta tiene fuerza, tiene esa sabiduría como mujer para sobreponerse al dolor. Hay que acompañar el proyecto. Hay que ser soldados fieles de nuestro Presidenta” (Andrea del Boca en el Programa especial de 678). “En estos días demostraremos en las calles que somos millones los que vamos a reemplazar a Kirchner” (Nota en Página/12). “Los argentinos fuimos siempre muy dependientes de los líderes. Ahora hay que mostrar que el proyecto y el poder están intactos” (Una docente entrevistada por Página/12).
A partir de estas declaraciones puede observarse el carácter multiacentuado del signo “líder”. Sin embargo, esta multiacentualidad se ve con mayor claridad en el análisis. En lo cotidiano, predomina la monoacentualidad, que Voloshinov explica de la siguiente manera: “La clase dominante busca adjudicar al signo ideológico un carácter eterno por encima de las clases sociales, pretende apagar y reducir al interior la lucha de valoraciones sociales que se verifica en él, trata de convertirlo en signo monoacentual”.
Teniendo en cuenta la teoría de la construcción del mito de Roland Barthes, podría compararse este signo monoacentuado con un mito. Esta comparación tiene que ver con el hecho de que, en ambos casos, se produce un proceso de naturalización de un hecho.
En el caso del mito, lo que sucede es que un signo de un primer sistema semiológico (como puede ser “líder”), se convierte el significante -llamado aquí “forma”- de un segundo sistema semiológico. En este segundo sistema, el significado -llamado aquí “concepto”- llena a la forma para vaciarla de “sentido” que tenía como signo del primer sistema semiológico. Se produce una alternancia entre ese sentido del primer sistema y la forma del segundo. El “concepto” del segundo sistema es intencional, y su intención es que emerja una segunda historia sobre el signo, para convertirse en “significación” -el signo del segundo sistema-, es decir en MITO. El mito “transforma la historia en naturaleza”: naturaliza las relaciones de producción.
Además, algo para destacar es “el carácter impresivo del mito: lo que se espera de él es un efecto inmediato”, es por eso que los discursos sociales en los que se remarca el liderazgo o la “liderabilidad”(*) de Kirchner se utilizan frases breves o imágenes en las que ese mito se ve representado claramente.
En este caso en particular, de lucha de clases, ambos sectores intentan -aunque no de manera consciente sino por pertenecer a una determinada clase o sector social- construir el mito de “Kirchner como un líder político”. Ya sea a favor o en contra de él -y de las políticas kirchneristas-, construyen el mito de un “líder” popular que al morir deja un legado para que sus “seguidores” o “herederos” continúen lo que él empezó; o el mito de un “líder” omnipotente que hizo siempre todo solo, y que, al no haber nadie capaz de continuar con su proyecto, éste muere junto con él. Al estar en un momento de crisis en el que se hace visible la lucha de clases, no está instalado en la sociedad ninguno de los dos mitos -monoacentualidades-, sino que el signo “líder” es la arena de lucha de clases en la que se cruzan los distintos acentos valorativos.
En ambos casos eliminan la biografía de Kirchner, su historia política, sus aciertos y desaciertos, sus alianzas con diversos sectores de la política y la economía durante sus gobiernos -como intendente, gobernador y presidente-, el rol de los otros actores políticos pertenecientes al “kirchnerismo”, etc. En ambos casos aparece la figura de Néstor Kirchner como la responsable del proyecto político que dicen que terminará o continuará en manos de sus herederos.

Conclusión
Por lo tanto, ante un mismo hecho material como es la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, se plantea que ha muerto un “líder político”. Frente a ese planteo, puede verse como para un sector, ese liderazgo implica omnipotencia y el fin de un proyecto político que sólo él podía seguir llevando adelante –como líder que era-; y para otro sector, la muerte de ese líder no implica ese fin, sino que, debido a su ausencia física, ese proyecto debe ser continuado por sus seguidores, sus herederos -que deben continuar con el legado dejado por el “líder”-, y apoyado por sus “soldados”.
Es interesante observar así la multiacentualidad característica de un signo, que es la arena de la lucha de clases, donde ambos sectores, enfrentados, intentan imponer su monoacentualidad. Lo que se ve reflejado en la lucha entorno al signo ideológico es la lucha que se da entre esos mismos sectores en las relaciones de producción que responde al modo de producción, donde hay una distribución desigual del trabajo y de la propiedad. Finalmente, cabe destacar que la muerte del ex presidente se da en un contexto en el que el gobierno Nacional está enfrentado con los grandes medios de comunicación -principalmente Grupo Clarín y La Nación-, lo que implica una lucha de clases y de poder, por lo que eso se ve reflejado en la lucha que se da en el signo ideológico “líder”.

(*) Este neologismo responde al planteo de Barthes en el que explica que, debido al carácter histórico de los conceptos míticos, la historia puede suprimirlos, por lo que lo que se necesita con frecuencia son conceptos efímeros, ligados a contingencias limitadas: el neologismo se vuelve inevitable.

3 comentarios:

  1. Me parece muy buena la contraposición de significados e implicaciones. Así que brindo mis respetos ante todo.
    Es claro que la muerte de Kirchner dejo al país en una situación algo extraña, a mi entender, en la cual el PJ relacionado al FPV, construye el mito de un Kirchner héroe de la clases bajas, paladín de los desposeídos, peleador incansable de los derechos humanos, intentando colocarlo en una posición similar a la que se genera con la "divinidad" atribuida a la figura líder de Juan Domingo Perón o las figuras heroicas de Grecia como Aquiles o Ulises. Sólo que la analogía se completaría con un Kirchner embanderado contra las corporaciones multimedias en vez de luchar contra la despótica figura de Agamenón. Desde allí "6,7,8" delimita la magnitud de Néstor. Tan mártir como héroe.
    Sus enemigos lo construyen desde el temor. Ven en Néstor un idealista, un peligroso idealista. Una especie de alarma de conciencias antes apagadas, ahora militando peligrosamente en las filas de La Campora, agrupación que es más grande y poderosa para sus enemigos que la injerencia gubernamental que realmente tiene, especialmente desde las exequias en Plaza de Mayo. Creo también que hay otra clase de “enemigo” Kirchnerista que poco tiene que ver con la derecha o la representación de sus intereses, sino con una izquierda que lo construye como un “mas de lo mismo”. Ellos se encargan de desmerecer cualquier acción o política social argumentando que ellos “la pensaron antes que nadie y el gobierno se apropia de esas ideas” –cosa que por cierto también paso durante las medidas de protección al trabajador del gobierno del Gral. Perón allá por el 45. Tipos “progresistas” que hablan de la “limosna universal por hijo” ay! Pensaran en limosna porque se habrán llenado la panza –y esa panza si que es grande- y las necesidades de los otros le parecen limosnas.
    En lo personal, Kirchner no significa el fin de nada. Debo admitirlo. Lo voté en el 2003, seducido en mi primera elección como votante por un tipo que hablaba de Keynes, “de políticas neokeynesianas” más exactamente. Pero venía en el combo con Duhalde, un tipo que se adjudicaba haber dirigido la temporada en el infierno del país, que recordemos terminó abruptamente debido a los asesinatos de Kosteki y Santillán. La vote a Cristina Fernández, porque creí -y creo- en la consolidación de un proyecto, el tema de la pluralidad del que hablaba Néstor me resultaba excitante, una alianza progresista para detener el avance de las ideas neoliberales en la región y profundizar o comenzar un proceso de integración latinoamericana. Demasiado tentador para “un militante de la utopia” como yo.
    Ahora que los voté dos veces y me planto como oficialista –no de los ciegos, creo- quiero más. Me desvié del tema principal pero lo que quiero decir es, volviendo a la idea original, no creo que Kirchner sea el fin de nada… En todo caso puede surgir algo nuevo y bueno, si logran mantenerse lejos o de a poco, ir cortando los lazos con la política viciada de las viejas estructuras que hoy se encolumnan en el proceso latinoamericano… y hace 15 años remataban los recursos del Estado por chirolas. Hay deudas históricas que deberán ser reparadas, especialmente con los pueblos originarios cuyos derechos avasallados desde hace más de 5 siglos merecen como mínimo acciones que los lleven a una calidad de vida digna. Solo así se podrá construir un país que piensa en los derechos humanos, no solo los ocurridos en épocas de la última dictadura militar –que están pagando, tarde, pero están siendo juzgados y eso nunca puede ser malo- sino que viene a cambiar un rumbo histórico de negación y omisión de sus orígenes.
    Espero ansioso que eso suceda…

    PD: Perdón por la extensión!

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  2. La idea original era comentarte con un análisis acorde al nivel de tu texto. En fin,hoy no ha sido posible porque la sinapsis de mis neuronas anda con interferencia. No obstante lo cual, no quería dejar de escribirte para expresar que me ha gustado e interesado mucho tu texto.
    Un abrazo fuerte, querida Carito.
    Beroldo

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