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viernes, 14 de enero de 2011

Palabras visuales: El Banco

Las filas de los bancos son muy útiles. Como uno no tiene nada que hacer más que esperar hasta que lo atiendan, puede aprovechar ese tiempo para hacer otras cosas.

Algunas personas disfrutan de hacer sociales con sus colegas de fila, ya sea para quejarse de lo lento que avanza, para hablar de lo loco que está el clima últimamente, o para intercambiar opiniones sobre alguna noticia -generalmente vinculada a la política, el espectáculo o el fútbol-.

Otros pasan ese tiempo escuchando la radio o música que tienen cargada en sus reproductores de mp3 o celulares y evitan hacer contacto visual con el resto de los integrantes de la fila. ¡A ver si a alguien se le ocurre hablarles!

Después, hay otros personajes que son silenciosos e impacientes. Si uno se detiene a observarlos durante algunos minutos, verá cómo giran sus cabezas para todos lados, impacientemente, y cómo cambian su posición a cada rato. Apoyan su cuerpo primero sobre un pie; después sobre el otro; se acercan a alguna pared o columna buscando un respaldo; se van moviendo para buscar sombra o sol. No hablan con nadie, pero todo y a todos.

Quienes sí hablan y mucho son quienes usan ese tiempo más o menos largo para hablar por celular. Si uno los escucha, podrá distinguir conversaciones que tratan sobre tres asuntos distintos: laburo, familia -por asuntos importantes- y, perdonen la expresión, boludeces. De este último tipo hay a montones y, generalmente, son las que más se prolongan. Quizás tenga que ver con que no toleran el silencio pero tampoco tienen interés en hablar con los desconocidos que habitan en esa misma fila, así que recurren a sus amigos o conocidos para hacer que el tiempo PASE.

Por último, están esos otros personajes que construyen un espacio de lectura durante el tiempo que dure sus permanencia en la fila del banco. Ellos son silenciosos, de bajo perfil y transmiten cierto misterio que a uno le gustaría descubrir. ¿Quién estará oculto detrás de esas portadas y contraportadas?

Ah, sí. Y finalmente estoy yo, que lo único que hago es observarlos a todos y convertirlos en personajes anónimos de este texto, los hago palabras.

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