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lunes, 20 de septiembre de 2010

Sobre la incertidumbre de los futuros ¿posibles?

Estos últimos días volví a acercarme un poco a la escritura-no-obligada. Volvió en forma de mails que te escribí a vos. Será que me resulta más fácil y fluido escribir cuando me dirijo puntualmente a otro. Quizás como esto de ahora, que a pesar de estar escribiéndolo sentada en el 17 yendo a la facultad, lo hago como si estuviera en la (in)comodidad del escritorio que tengo en mi pieza, en la notebook que está a punto de cumplir 5 años -era tan nueva y último modelo cuando la compré y quedó tan grande, tan vieja y tan lenta ahora que la comparo con las más modernas-.

En el extenso mail que te mandé ayer -aquel que tuviste que imprimir para poder leer tranquila- te contaba acerca de mi (pre)ocupación sobre los futuros posibles. No sé si será la edad o qué otra circunstancia de la vida lo que me hace obsesionarme con el futuro -o los futuros-. O será que siempre fui así, pero no me acuerdo -o no quiero acordarme-.

A veces me siento en el segundo escalón de la escalera del patio de mi casa y me pongo a pensar en estas cosas, mientras me fumo un pucho tranquila. Me gusta elegir el momento del día que ya el cielo está oscuro -porque me gusta que se destaque la luminosidad de mi Camel- pero sin que sea todavía la hora de cenar, ya que eso implicaría dejar de convivir con el silencio de la noche, para ser perturbada por conversaciones ajenas.

(Acabo de mirar por la ventanilla y no pude evitar colgarme viendo pasar veredas y fachadas indistinguibles a gran velocidad)

Bueno, como te decía antes, me siento en ese escalón a pensar en estas cuestiones. Creo que lo que me aterra es esa incertidumbre que tiene el futuro, ese momento del tiempo y de la historia que sólo existe como posibilidad en nuestra mente, y que dejará de ser futuro cuando se haga presente -o cuando nunca se cumpla-.
Decime morocha, antes de tu viaje a España, ¿enloquecías con la idea de tu futuro?

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