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domingo, 13 de diciembre de 2009

El Encuentro

El encuentro no duró demasiado, teniendo en cuenta que hacía meses no se juntaban a charlar. Durante los comienzos de su amistad, los almuerzos se convertían en meriendas y hasta podían metamorfosearse en cenas, pero eran otros tiempos; aquellos en que las dos estaban más disponibles. Las obligaciones de la vida rutinaria posmoderna había aniquilado esos encuentros ociosos y los había reemplazado por rápidas meriendas con altas dosis de miradas de reojo al relojito del celular.

Igualmente, durante los períodos de desencuentros, los mails se volvían cada vez más extensos y frecuentes, para que ninguna se perdiera los capítulos de la vida de la otra. Y es que en el último tiempo era así: se leían mutuamente sus vidas.

No puedo publicar el contenido de su conversación porque no quisiera exponer a ninguna de las dos, pero tanto una como la otra comentó lo que había acontecido en su vida durante los tres meses previos a su encuentro, mientras exponían sus miedos, inseguridades y el deseo de que todo volviera a ser como antes, debido al importante temor al cambio que ambas tienen, el temor a lo nuevo, a no saber qué hacer con esos nuevos acontecimientos de sus vidas.

Pero tanto una como la otra, alentó a su amiga a no caer frente a ese temor; aquél que las hace permanecer siempre igual, estancadas, estando simplemente "bien", sin arriesgarse a ganar, por miedo a perder.

El cierre del encuentro fue la mutua promesa de animarse a realizar ese riesgo.

Ahora saben que continuarán con el intercambio constante de mails, manteniéndose informadas sobre la vida de su amiga, hasta que los tiempos de sus vidas posmodernas les permitan concertar un nuevo encuentro.

1 comentario:

  1. "estando simplemente "bien", sin arriesgarse a ganar, por miedo a perder". (que mal)
    Espero que la promesa del cierre se cumpla.
    Ahhh, gracias por volver, al tan bonito, castellano.

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