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domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Has sufrido el miedo de otros?

Estábamos sentadas en la mesa del comedor, tomando mate -mucho mate- y hablando de "la vida", mientras intentábamos trabajar. Ella puso algo de música de fondo para no ser invadidas por el silencio que nos tomó por sorpresa después de que ambas leyéramos la siguiente frase en la pantalla de su notebook:
"¿Has sufrido el miedo de otros?"
Las dos intentamos disimular la expresión en nuestros rostros después de leer esa pregunta. Ella se levantó rápido de su silla, agarró el termo y me dijo que iba a preparar más agua para el mate, porque estaba "medio frío". Yo asentí sin mirarla, intentando parecer concentrada en el laburo que estábamos haciendo, pero sé que no fui creíble. Igualmente, no dijo nada y se fue a la cocina.

En ese preciso momento, deseé no haber dejado de fumar hace 13 días -que los cuento como si hace 13 días estuviera presa en la tortura de intentar vivir de manera saludable-. No eran muchas las ideas que estaban dando vuelta en mi mente; ella lo sabía y por eso prefirió no preguntar. Habíamos estado hablando de ese tema durante un par de horas antes de ponernos a trabajar y no tenía sentido seguir dándole vueltas al asunto -o quizás sí.

La realidad es que sólo hay una respuesta para esa pregunta, y eso era lo que pensaba: SÍ, SÍ, SÍ... Alguna vez sufrí el miedo de otros (¿quién puede decir que NO?). Y el problema es que ese sufrimiento suele llevar al surgimiento de miedos propios, que a su vez pueden generarle sufrimiento al otro, y así sucesivamente. En eso pensaba mientras mi amiga me cebaba un nuevo mate, bien amargo, como sabe que me gusta.

Me miró con esa mirada de amiga que sabe lo que estás pensando -y que sabe que te estás torturando internamente al pedo, sin ninguna justificación- y me dijo:
- Sí, todos sufrimos alguna vez el miedo de otros y también otros sufrieron nuestros miedos y sabemos que es una mierda.
- ¿A cuál de las dos cosas estás llamando 'mierda'?
- Ahora que lo pienso bien, las dos cosas son una mierda. Es una mierda sufrir por el miedo ajeno y es una mierda, también, sentir miedo y hacer sufrir a alguien a quien uno quiere.
- Yo no quiero sufrir, no tengo ganas.
- Me encanta, lo decís como si fuera algo que podés decidir.
- Obvio que puedo decidirlo. Si empiezo a sufrir por el miedo ajeno, me alejo y punto. Dejo de sufrir.
- No dejás de sufrir; te escapás.
- No digas pelotudeces, ¿querés? No es "escapar", es cuidarme para no sufrir.
- Ok, cuidarte... escapando.
- Bue, con vos no se puede hablar.
- ¡Otra vez!
- ¿Otra vez qué?
- Te escapás de la discusión con esa frase. ¡Qué simple que la hacés!
- Ehhhh, ¿dale que la vamos cortando con el psicoanálisis barato?
- No te psicoanalizo, boluda, pero tirás frases sueltas re corta mambo en lugar de hablar en serio.
- Ok. ¿Vos querés hablar en serio sobre la mierda del miedo y del sufrimiento?
- Uh, ¡pero qué día que tenemos, la puta madre! Digo que estábamos hablando de algo y de golpe saltás con cualquiera.
- Bueno boluda, yo simplemente dije qué es lo que haría si me pasara eso. Si tengo que volver a padecer miedos ajenos, me voy a la mierda, porque no quiero sufrir, prefiero hacer todo lo posible para evitar esa situación. ¿Está bien?
- ¿Incluso si realmente esa persona te importa? Digo, porque no es que pasa seguido que uno conoce a alguien que vale la pena, ¿no?
- Ay, cortala, ¡en serio! Dame un mate.
- Jajajaja... Sos una boluda.
- Y vos sos re copada. Bueno, está bien, hincha pelotas... No, no sé si me iría a la mierda si esa persona me importa. Digamos que me metería mi orgullo un poquitito en el orto y le bancaría sus miedos, pero...
- A ver, ¿"pero..." qué?
- Pero sé que me costaría, porque es como te dije antes: el sufrimiento por ese miedo, puede causar miedos propios que también podrían lastimar a esa otra persona. Qué sé yo...
- Sos muy complicada.
- Claro, y después la que hace las cosas "simples" con una frase, soy yo. ¡Andá a cagar!
Después del breve intercambio de pseudoreflexiones y puteadas, volvimos al silencio disimulado por el sonido de fondo de mp3 de varios artistas que ya ni recuerdo. Es obvio que las dos nos quedamos pensando en esos dos conceptos: miedo y sufrimiento. Seguramente, a mi amiga -al igual que a mí- le vinieron a su mente miles de situaciones que podían servir de ejemplo de la mierda que resultaba de la combinación entre esos dos conceptos.

Sin embargo, yo no podía dejar de pensar en las cosas que uno se banca sin quejarse cuando la otra persona realmente le importa, cuando sabe -o siente- que vale la pena. Vale la pena lo suficientemente como para bancarse el miedo ajeno, el sufrimiento propio, el miedo propio y el sufrimiento ajeno. Vale la pena como para buscar la manera de que, de a poco, ambos miedos y sufrimientos se vayan a la mierda.

2 comentarios:

  1. Ninguna duda, vale la pena. Pero si esa persona vale la pena.

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  2. Sí, sí... A eso me refiero con que "vale la pena". A la persona :)

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