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sábado, 11 de octubre de 2008

Aquella mujer que daba pasos XII

Nunca en mi vida tuve tantas preguntas dando vueltas y vueltas en mi mente. Intento cerrar mis ojos y dejarme llevar al único momento del día en el que me siento segura de todo, el de mis sueños.

¿Por qué todo me resulta tan difícil y complejo? ¿Por qué vivo en una contradicción constante? ¿Por qué no puedo tomar una decisión y simplemente respaldarla con mis acciones?

Es raro. Cada vez que me acerco a lo que creo anhelar, surge en mí un rechazo hacia eso que consigo, y un profundo deseo de alcanzar lo opuesto. Cuando busco libertad absoluta y lucho con todas mis fuerzas por eso, la consigo. Pero en ese mismo instante siento que esa libertad es vacía y en extremo solitaria, y creo que entonces no quiero esa libre-soledad, sino estar acompañada.

Busco y busco, pero en el momento en que encuentro esa compañía, me siento atada, atrapada, siento fobia al sentirme privada de la libertad de hacer conmigo, con mi vida y con mis tiempos, lo que yo quiera, sin considerar de manera obligada a un otro.

Entonces me escapo, me escondo, huyo; vuelvo a entregarme a lo espontáneo, efímero e inseguro, pero placentero. Vuelvo a saborear el dulce sabor de la libertad, las opciones, los matices, lo inesperado que tan feliz me hace.

Hoy tengo miedo. Quizás sea porque siento que otra vez me estoy atando y no quiero, me rehuso plenamente a pasar por lo mismo. ¿Acaso soy tan ingenua como para creer que esta vez será distinto? ¿Por qué no puedo simplemente enfocar mis energías en aquello que hace años llamo "proyecto"? ¿Por qué no me dedico a tomar esa importante decisión que nada tiene que ver con ese "otro", ni con amor ni nada que se le parezca, sino conmigo misma, con la realización de mi obra, con mi futuro -y mi presente-, con mis sueños?

Tomo determinadas decisiones, pero SU presencia en mi mente me distrae de la concreción de mis actos. Me paraliza en un constante "pensar", y no hago. Lo observo hacer y lo admiro por eso, y sin embargo yo sigo en el mismo lugar de la inacción.

Qué injusta soy conmigo, con mi pasado, que intentó por los medios darme una lección que no logro aprender. Siempre igual. La teoría ya la entendí, pero "NO PUEDO, NO ME SALE" (frase que en este último tiempo repetí en exceso, lamentablemente). ¿Qué necesito para reaccionar? ¿Cómo puedo redireccionar la atención que le presto a él, para volver a tenerme en cuenta a mí y a mis "proyectos"?

Quizás deba dejar de hacerme estas estúpidas preguntas y comenzar a cambiar parte de lo que no quiero que permanezca igual.

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