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jueves, 7 de agosto de 2008

Resurrectio

¿Y si te digo que me quise matar? Me refiero a morir, literalmente hablando. A separar mi alma de mi cuerpo. De hecho, creo que por algunos instantes me maté, estuve muerta. Pero ese es otro tema. Entonces, quise matarme. Una noche de mucho frío, volvía de alguna de esas salidas que me llevaban a cruzar casi toda la ciudad, sola. No recuerdo exactamente lo que había pasado esa noche, o esa semana, pero mi estado de ánimo estaba desplomado. Se repetían una y otra vez en mi mente imágenes instantáneas, fragmentadas, que me llevaban a recordar vagamente alguna situación, sentimiento o persona que había colaborado en la progresiva destrucción de mi ser.

De pronto me vi observando una nada solitaria, fría y oscura. Sentada al costado de las vías del tren que no pasaría a esa hora, pensé, lloré. Volví a revolver mis recuerdos de esa última época. Ninguno parecía real, ninguno me producía satisfacción al revivir en mi memoria, ninguna de las “yo” que veía en esas imágenes, las sentías mías. Una sucesión de ruidos fuertes, agudos, penetrantes, aturdían mi mente. Sentía culpa, vergüenza, dolor, angustia, odio. Sobre todo eso, odio a mí misma. No toleraba a la persona en la que me había convertido; no comprendía qué fue lo que me llevó a esa situación. Quería gritar, golpearme.

Seguía allí, al costado de las vías, sintiendo la fría humedad de la noche que me envolvía, invitándome a sentirme sola, desolada. Y fue en ese momento que todos mis pensamientos, todas esas imágenes que me perturbaban hacía semanas, desaparecieron. Fueron sustituidas por pensamientos mucho más oscuros, provenientes de lo más profundo de mi ser, o del lado más retorcido y odioso de mi ser. Intensos deseos de morir. De terminar de una vez y para siempre con mi vida. De que de un instante al otro, todas esas angustias, odios y recuerdos imborrables que hacían insoportables mis días, desaparecieran. Quería que me dejaran en paz, quería borrar toda imagen indeseable de mi mente, aunque eso significara borrarme.

No soportaba más esas largas noches de llorar sin lágrimas, de aparentar felicidad. No toleraba ese momento en el que mi mente seleccionaba recuperar imágenes que eran una tortura para mí. Cosas que quería olvidar, que hubiera querido borrar de la historia, de mí historia. No encontraba otra solución. Quería morirme. Me encontraba en un estado de descontrol de mi cuerpo. Me movía de un lado al otro sin tomar del todo las riendas y lanzarme a ese destino que estaba eligiendo. Sabía que el tren pasaría de un momento a otro; hacía tiempo que estaba allí parada, sólo tenía que tomar el impulso de lanzarme en el momento indicado. No debía pensarlo mucho. Mi corazón latía con fuerza, acelerado, nervioso, pero con cierta satisfacción por saber que iba a cumplir con ese deseo. Ya no quería latir más, no tenía sentido seguir haciéndolo.

Mientras esperaba ansiosa al momento de mi muerte, seguía viendo imágenes que me atormentaban. Personas que habían aparecido en mi vida en el último tiempo y que me habían usado, me habían robado lo mejor de mí, para no devolvérmelo jamás. No volvería a ser como fui luego de esas personas. Otras situaciones que existieron para demostrarme que no me conocía tanto como pensaba. Tuve mis puntos débiles, pero lamentablemente otros los descubrieron antes que yo, no pude defenderme, no me cuidé lo suficiente, no me valoré. Me olvidé de mí, de quién era. Fui otra, una mucho más ingenua, más impulsiva, más insegura, más hipócrita conmigo misma, más hiriente, soberbia, más fría, distante, débil, solitaria. Fui más superficial, más interesada, menos sensible, menos cariñosa, menos humilde. Ahora todo junto volvía a mi mente para recordarme que no fui yo, esas imágenes que veía constantemente, eran recuerdos de mi otro ser. De otra que tomó mi cuerpo, mi voz, mis movimientos y destruyó mi vida. Pero, ahora me estaba devolviendo todo junto otra vez, para retomar el control, sin enmendar sus errores, sino adquiriéndolos como míos y siguiendo con mi vida de acuerdo a mis deseos.

Ahora no estaba segura quién era la que deseaba morir. Quizás ese otro ser en mi cuerpo ansiaba con lanzarse, escapar de mí, ser libre de culpas y dejarme sola. Quizás de hecho recién morí o murió, y es por eso que el tren pasó y yo sigo acá, contando esto. Pensando que ya no deseo irme, sintiendo que ya me fui o se fue. Sintiéndome limpia, a pesar de que aquellas imágenes que se habían apoderado de mi mente eran las más sucias de mis memorias. Muerte y renacimiento, así lo sentí.

1 comentario:

  1. Muy bueno Caro ! Fuerte, pero muy bueno, emociona - que creo que eso es lo importante de una narración- . Te comparto algo que escribí hace un tiempo, también relacionado con la muerte, que quizás te interese.

    http://calambredeescritor.wordpress.com/2012/05/27/satisfaccion-garantizada/


    Saludos!

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