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miércoles, 7 de mayo de 2008

Aquella mujer que daba pasos IV

Y aquella mujer no quiere pensar más en él. Ya no tiene importancia el nombre. Sólo sabe que no quiere que ningún rincón de ella esté ocupado por él.
Se observa en el reflejo de cualquier superficie, intentando convencerse de que eso es todo lo que debe ver; a ella misma, andando sola.
Y se sonríe para demostrarse que está bien así, que debe aceptarlo porque es así como debe ser. Su cuerpo avanzando sin compañía, sólo por su mente que la intenta alentar para que siga moviéndose, para que no se deje detener por sus fantasmas y que entienda que son sólo eso: fantasmas, obstáculos irreales que ella misma crea para justificar su inmovilidad.
La mujer sabía que esta vez era distinto. Ya no tenía a ese otro a su lado para acompañarla, pero tampoco estaba para detenerla ni retrasarla. Y se daba cuenta que por eso era distinto.
Esta vez es distinto, porque no hay límites ni limitaciones. El camino parece infinito, extenso y libre. Sobretodo libre, para que ella lo recorra a su antojo, a su ritmo. Para que lo descubra sola. Y sabe que allí podrá encontrarse con nuevas personas, nuevas situaciones, nuevos (o viejos) proyectos que se le cruzarán en su camino. Y deberá tomarlos o dejarlos, pero dependerá de su decisión. Todo podrá hacerlo a su gusto, porque será por el bien –o el mal- de ella. Ya no afectará a otro, porque nadie andará a la par de su cuerpo.
Observa esta nueva etapa de su vida como la primera vez que podrá pensar en ella, las consecuencias de sus actos no tendrán efectos paralelos en otros, a menos que se interpongan en este nuevo camino que se le abrió a ella, pero no lo permitirá. Nadie se meterá en su camino, mientras pueda evitarlo.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. re lindo Karito! todo el blog.
    te felicito
    =D
    besitos

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