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jueves, 3 de abril de 2008

Aquella mujer que daba pasos III


Recuerda aquellas noches de soledad -aunque acompañada- que tenían el desagradable sabor al abandono, a la incomprensión, a la indiferencia. Y luego piensa en las otras noches, y en los otros momentos, sobre los que siente que no supo sacar provecho como hubiera deseado. Su tiempo era ocupado por ruidos, luces, personas y más ruidos; sólo para evitar aprender a comenzar a dar pasos sola. Nunca lo había intentado y le daba miedo arrancar. Siempre avanzando con la mente, pero observando a su cuerpo permanecer inmóvil, sin descubrir el por qué.
Y hoy sabe que detrás de tal quietud se ocultaba un miedo, o varios. O EL miedo. El miedo a demostrarse que podría lograr lo que su mente deseaba y a darse cuenta que aquellas noches de su pasado, en las que creía estar acompañada, habían sido en vano.
Y ya no quiere sentir miedo. Quiere que su mente y su cuerpo se unan, se fusionen en un solo ser que lucha por lo que quiere. Que no divaga, que no se distrae con trivialidades, que no deja que nada la aleje de su objetivo. No quiere que este ser dependa de un afecto externo que la impulse a hacer las cosas que ya sabe que desea. Quiere poder. Quiere demostrarse a sí misma lo que todo aquel que la conoce siempre opinó de ella. Quiere sumar logros. Quiere concretarlos; aunque sabe que no es tan fácil como suena.

1 comentario:

  1. Poder: Es la capacidad de realizar algo, como ser: unificarse en cuerpo y mente para no sentir ese miedo que sentís y que no sabés clarificar, que te deja el cuerpo inmóvil, en medio de ruidos, luces y esa sensación de soledad, y aunque en algún momento pensaste que no, en relaidad supiste sacar provecho de tu soledad.
    En soledad, aprendiste a dar pequeños pasos. Pequeños, pero no menos importantes.

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